Consumo con Responsabilidad
Y vamos consumiendo,,, PDF Imprimir Correo electrónico
Consumir, consumir, consumir. Podría decirse es el verbo de las últimas décadas,  caracteriza los discursos y entreteje la funcionalidad de las industrias, que como en ningún otro momento de la historia, ofrecen inmensidad de productos y servicios, de los que habría que cerciorarse si las diferencias entre una cosa y otra no se basan en una etiqueta o cambio de aroma. Contamos con estanterías llenas a lo ancho y largo de las calles, colores, formas y olores se nos ofrecen en frenesí, y crece un deseo por poseer, como si a través de las cosas nos afirmáramos como personas. En este contexto, el consumo se adhiere como una actividad propia del comercio, una acción que más allá de solventar necesidades de sobrevivencia se halla hoy cargada de significados.
 
Es evidente, que el uso de un vestido feo y el de un vestido bonito nunca es igual, pese a que ambos sirvan para cubrir el cuerpo. Ha sido entonces esta premisa, el insumo de la publicidad para posicionar diversos productos, en un juego donde se imponen las emociones, el estatus y la actitud que ofrece el diseño de las cosas antes que la calidad o necesidad vital. Y el precio que se da a los bienes y servicios que ofrece el comercio, es el punto de eje, alrededor del cual crecen las industrias, se enriquecen unos y empobrecen otros. Los precios, a veces incluso son de carácter arbitrario, y se engordan a causa del buen nombre o posicionamiento de una marca, de este modo, en el comercio no todas las dinámicas son transparentes o equivalentes al esfuerzo de producción.

El precio es el valor que se paga por un bien o servicio, pero se traduce en todo aquello que dejo de tener por acceder a un algo determinado. Los precios son impuestos por las empresas y las bolsas de valores, de modo que, las variables que manipulan dicha cifra, suelen beneficiar a que unos ganen y otros pierdan, por ello el comercio no siempre es sinónimo de progreso para los pueblos. En general, las materias primas se mantienen en precios muy bajos, en contraste con los productos refinados que se venden a grandes costos, y como evidencia de dicha situación, encontramos la diferencia económica entre los países del sur y los del norte. Los campesinos y los empresarios.

Los consumidores, aunque en general actuemos como simples espectadores que eligen entre un precio y otro, entre una cosa y otra, contamos con un gran poder, con la capacidad de elegir. Detrás del precio de un producto existe toda una estructura de trabajo, de distribución y venta, que como consumidores validamos y aceptamos, bien sea por desconocimiento o llana indiferencia. Ahora bien, en el comportamiento de las personas se encierra un gran poder, es allí donde surgen las transformaciones, de allí se alimenta la industria, y desde ese lugar podemos exigir mediante la práctica, el inicio de un comercio más justo.

Desde Click, sabemos que es difícil saber con certeza, el proceso de las cosas que compramos, si estamos o no apoyando la mano de obra barata en un producto, que a veces incluso no tiene un costo bajo, si vamos a un supermercado desconocemos la relación entre proveedores y la tienda, y sabemos menos sobre la explotación natural que estamos pagando al comprar determinadas cosas. Pero sí es posible, que busquemos saber un poco al respecto, que el precio que pagamos por la vida que llevamos, los bienes y servicios que usamos, no solo se pagan con dinero, es nuestro trabajo, es la naturaleza, son la condiciones de vida las que entran en juego a diario en el modelo económico. Amantya Sen dice que en la capacidad de las personas, está la respuesta al problema de la pobreza, ¿por qué no podemos ser nosotros capaces de participar en una red comercial que sea transparente y no provoque injusticia?

El comercio justo es un movimiento internacional que ofrece una alternativa a las injusticias del modelo económico actual, hacia con los productores y campesinos. Sus productos tienen la obligación de ofrecer la información necesaria, que valida a dicho producto como parte del comercio justo, donde el trabajo sea remunerado de acuerdo al esfuerzo, y la vida digna sea accesible para muchos, el cuidado ambiental sea una realidad y no proyectos dedicados a dar pañitos de agua tibia a una explotación abrumadora de los recursos naturales. En palabras de Eduardo Galeano, recuerda que no hay naturaleza que alcance, para abastecer un centro comercial del tamaño del mundo.

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Encuentra el ensayo de Eduardo Galeano, El imperio del consumo. Dando clic aquí.
**Fuentes:
http://www.sellocomerciojusto.org/news/tags/es_ES/Exposici%C3%B3n
 
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¿Qué es Consumo con Responsabilidad en el contexto Click?

En nuestra vida cotidiana, existen dos clases de consumo,  uno resulta esencial para subsistir (permanecer vivo); y el otro que aunque no es vital, se ha “naturalizado” como necesario.

En nuestras sociedades, por ejemplo, el dinero es el medio fundamental de adquisición; un elemento central en las relaciones de consumo y subsistencia que nos brinda capacidad de elección y compra. La gente es libre de gastar el dinero en lo que quiera, y al parecer, entre más dinero se obtenga, mayor es la libertad de gastarlo en lo que se desee.
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